martes, 22 de abril de 2008


Dame las lágrimas de un niño
su manera de llorar desconsolada
Un puñado de sal de un mar extenso
y un destello revelador de tu mirada

Dame un día de tu vida, uno cualquiera,
un silencio que cubra mi impotencia
de no tener a mano un argumento
para darle un jaque mate a mi conciencia.

Dame una caricia cargada de ternura
que me sacuda las lágrimas que guardo
a ver si entonces, soy capaz de desplomarme
después de tanto llanto, después de haber callado tanto.

Dame un beso de aquellos, de los mágicos
para ver si se rompe el maleficio
que escondió nuestros deseos más preciados
entre las piedras del final de un precipicio

Dame un sábado a la tarde, o un domingo,
un momento arrebatado a la rutina
donde te pueda confesar casi en silencio
cómo duelen las ausencias, cómo lastiman.

Pero no me des un discurso de consuelo
ni cajones con palabras sin sentido.
No quiero convertirte en un recurso,
en pasajera inadvertida del destino

Dame entonces todo aquello que te pido en estos versos
que es como pedirte que te quedes
No me mires por afuera de esta historia,
ayudarme a despojarme de estas redes

Dame por fin tu presencia y tu figura
en un abrazo estrechado a la distancia
Te necesito cerca de mí, cada noche
que es cuando más extraño tu fragancia

Te necesito claramente cada día
más aún cuando la ausencia me deja sin rellanos
No es para sentirme menos solo
sino para decirte que te amo.

4 comentarios:

Graciela Dománico dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Graciela Dománico dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Hola Marcelo:

Por fin vuelvo a encontrar un rastro tuyo. Te saludo desde Posadas, Misiones.
Ex alumno tuyo, te acordàs? Haciamos en Fm Light "Naturaleza Viva", un programa de temas ambientales.
Sería bueno contactarte. Estoy en octarecibe@gmail.com
Un abrazo.
Octavio Loyola
Posadas - Misiones

Anónimo dijo...

...seras realmente asi, Marcelo, en tu vida cotidiana. Digo, tan sensible!

PORQUE "ABECEDARIO"

Hace 36 años escribí mi primer cuento. Apenas 14 años y ya entonces sentía sobre mí el peso de angustias y soledades no resueltas. Se llamaba "Abecedario". Hoy, más de 3 décadas después, se me aparece como el punto de partida para compartir, por primera vez, aquellas cosas que siento y pienso. Pero que callo desde entonces. Las palabras escritas también hablan. Escuchalas.