
La primera lluvia de junio se anticipó al invierno.
Descargó paciente pero con fuerza sus gotas sobre la ciudad abandonada, sin darse descanso ni por un instante. Como las lágrimas que se aprietan pero que al final pujan y caen, certeras y dolorosas como puñales.
La letanía suave y melancólica del jazz que suele acompañarme golpea contra los cristales empañados. Y se derrama como el agua que resbala del otro lado. Las gotas se entrelazan con cada nota estrellada sobre el vidrio.
Se dibuja mágicamente un estallido de sensaciones encontradas. Se palpa en el ambiente el dolor de la soledad. “La espina de tu ausencia”, hubiera dicho el “poeta” hace no muchos años.
El gris del día predomina por donde se mire. Un gris pesado y denso como aquel sol negro que ni Bukowski hubiera imaginado tan intenso y real como el de hoy, detrás de las nubes.
El espacio que me rodea es ancho y prolongado. No se como ocuparlo ni de que manera emplearlo para que tenga un poco más de ese calor que imaginé hasta no hace mucho.
La casa esta sola. Vacía.
No puedo llenarla con mi presencia.
Descargó paciente pero con fuerza sus gotas sobre la ciudad abandonada, sin darse descanso ni por un instante. Como las lágrimas que se aprietan pero que al final pujan y caen, certeras y dolorosas como puñales.
La letanía suave y melancólica del jazz que suele acompañarme golpea contra los cristales empañados. Y se derrama como el agua que resbala del otro lado. Las gotas se entrelazan con cada nota estrellada sobre el vidrio.
Se dibuja mágicamente un estallido de sensaciones encontradas. Se palpa en el ambiente el dolor de la soledad. “La espina de tu ausencia”, hubiera dicho el “poeta” hace no muchos años.
El gris del día predomina por donde se mire. Un gris pesado y denso como aquel sol negro que ni Bukowski hubiera imaginado tan intenso y real como el de hoy, detrás de las nubes.
El espacio que me rodea es ancho y prolongado. No se como ocuparlo ni de que manera emplearlo para que tenga un poco más de ese calor que imaginé hasta no hace mucho.
La casa esta sola. Vacía.
No puedo llenarla con mi presencia.
Porque falta la tuya
6 comentarios:
Es un gran halago para mí que te haya gustado mi blog. Conozco tu periodismo, voy ahora a adentrarme en tu poesía.
Es verdad que tardo en publicar, le doy muchas vueltas a lo que escribo, pero tu comentario ha sido de gran incentivo.
Muchas gracias.
Beso y abrazo,
yo
Negro que gustazo encontrarte te seguía desde el Sello ¡¡Que trasnoches !!!!!La verdad que siempre entraba a google después de lo de Madres a ver si aparecias en alguna radio.-Realmente dejaste un vacio que yo siento.- Lo de alegría es sincerisimo.-Te aprecio y respeto mucho.-
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